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Terra
La Coctelera

lacazadoraderratas

13 Marzo 2010

La tierra perdida

No sé si ahora tengo muchas ganas de seguir viviendo, con toda la tierra perdida y esos pájaros negros  picoteando todo el día los restos de la cosecha. Antes salíamos a espantarlos, pero a Eme le dio por decir que era inútil  y se ha encerrado en un cuartito, detrás de la alacena, que sirvió en sus tiempos para esconder a los hombres que escapaban de la guerra. Hace semanas que no sale de ahí, se ha llevado el ordenador y el tabaco y no me habla; lo último que dijo antes de atrancar la puerta fue que se había quedado vacío y que tenía que arreglar su vida.

Yo me paso las horas asomada a la ventana de la cocina contemplando el desastre que han ocasionado las lluvias. Este invierno ha sido tan contrario, que no ha cesado de caer agua en ningún momento, y la humedad,  tan extraordinaria, que aunque no llueva el aire te empapa en cuanto sales afuera. Es por eso que toda nuestra tierra cultivada se ha convertido en un lodazal; te hundes hasta la rodilla si pruebas de cruzar al otro lado, y mis intentos por salvar algunas patatas o las cebollas dulces han sido en vano. Todo se ha podrido en tan poco tiempo que me pregunto a diario si nuestro hogar  resistirá, si nosotros también acabaremos deshaciéndonos, diluyéndonos entre las tablas del piso; desmigajados, pasaremos a través de las ranuras y nos confundiremos con este fango rojo que no parece pueda volver a recuperar la firmeza.

Por las tardes me tranquilizo un poco y me siento en la mecedora con los ojos cerrados, entonces siento una vibración que sube desde mis pies fríos hasta la garganta, como si un tren fantasma recorriera en silencio los cimientos de la casa. Imagino que me levanto y llego hasta la despensa, me veo apoyando la cara contra la puerta del cuarto oculto, intentando oír a Eme trabajando en su ordenador, comunicarse con personas que no conozco y están muy lejos. Pienso en lo que podría decirle para que saliera, o al menos para oír su voz desde el otro lado, y no se me ocurre nada. Cuando vuelvo a abrir los ojos veo que sigo sentada en la butaca, que ya ha anochecido, y me digo que no he sido capaz  de preguntarle si él también nota esa agitación extraña que viene del suelo, entonces el corazón se me acelera y una angustia negra me aprieta el estómago.

No me abandones,  me oigo decir en voz alta. Y aún puedo ver mis palabras cobrar cuerpo ante mí en la oscuridad cada vez más densa, cada vez más plena, justo antes  de hundirme muy despacio, lentamente. Sin pausa.

servido por lacazadoraderratas 8 comentarios compártelo

8 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Joaquín Martínez

Joaquín Martínez dijo

Pues sí que ha llovido en Cataluña. El 9 de abril estoy invitado a la presentación de un libro en Mallorca. Si tienes ocasión, pásate por allí.

Feliz finde,
Jo

13 Marzo 2010 | 05:56 PM

lacazadoraderratas

lacazadoraderratas dijo

Hace poco tuvimos un minitemporal de nieve de un día.
Abril será un mes complicado para moverme de aquí. Espero que sea interesante la presentación.

Besos.

14 Marzo 2010 | 10:05 AM

elhombresentimental

elhombresentimental dijo

Amor es fusión, pero en realidad de quien estamos enamorados es de nosotros mismos. La fusión es que el otro o la otra se fusionen conmigo.

Pero la fusión simétrica, o sea, el amor sin dominación, exige un desarme bilateral y simultáneo. ¿Utopía? ¿Quimera? En realidad, ese sueño vive en nosotros. Porque incluso el desamor es lamento de amor. Y todo lo que vive en los humanos tiene el potencial de llegar a ser. A condición de partir del yo y de que nadie se niegue en esa fusión que no es un nuevo ente, sino dos yos en constante interacción. O sea, que a lo mejor Marina tiene razón. Pero los modelos que llevamos dentro no nos sirven. Si usted aún busca el amor (incluso con la persona que tiene al lado y a quien nunca realmente miró más allá de usted), busque su reflejo en el espejo de la otra persona para, tal vez, volverse a enamorar.

14 Marzo 2010 | 07:09 PM

Sentimental

Sentimental dijo

Siempre me ha gustado este ambiente angustioso de tus relatos, este esconder y buscar los sentimientos de dos personas que se atraen y se repelen como partículas elementales ...

14 Marzo 2010 | 07:28 PM

Porque llovía y yo era triste...

Porque llovía y yo era triste... dijo

Detrás de cada una de aquellas puertas siempre había la misma cara,
con otras gafas, con otra edad, con otro nombre...
Y todas aquellas puertas eran siempre, al final, la misma puerta:
"La puerta del NO".

18 Marzo 2010 | 09:35 PM

señorita d

señorita d dijo

O la puerta del SI. vamos digo yo

21 Marzo 2010 | 09:04 PM

lacazadoraderratas

lacazadoraderratas dijo

Ah, señorita, eso nunca se sabe.

22 Marzo 2010 | 08:22 PM

señorita

señorita dijo

Qué triste relato.
¿Salió al final del cuartito?

28 Diciembre 2010 | 04:12 PM

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