Pippa
A veces aún imagino que me has traído al pequeño muerto, que lo has dejado bajo la escalera, que vas a criarlo como la buena madre que no supiste ser. No saber qué pasó con la criatura me quita el sueño algunas noches, y creo todavía que me llegan sus llantos.
Cambio de casa para poder dormir, y sin embargo creo oírte. Pero soy yo misma.
Imagino que alguien se lo ha llevado, y vive, y está creciendo. Tú pareces conforme, vienes cada día, no llegas a fiarte de mí, pero quieres mi comida; me miras en la distancia y te marchas. Temo que siempre serás una nómada, pero tal vez lo temo más por mí misma.
No tengo noticias de los peces, el agua es demasiado caliente este verano y se han vuelto locos; peces psicóticos los llamamos mi amor y yo. El perro que conocí hace un año enseñó los dientes, mordió y se marchó en busca de vientos más favorables; yo no tenía suficientes manos, con esos peces desquiciados, tu criatura muerta y la angustia en el pecho que luchaba por dejarse oír.
Ahora te oigo a lo lejos, buscando otro inicio mejor que el anterior. Igual que algunos vuelven a empezar una vez y otra la misma historia en sus vidas. Los mismos errores por repetir.
Pippa, una nueva vida, otro comienzo, otro país, un nuevo amor no nos liberará de nosotros.





Jo dijo
Adonde quiera que vayamos nuestra buena (o mala) sombra nos persigue.
12 Julio 2009 | 08:01 PM