Funámbulos como nosotros
Algunos somos frágiles aquí. Vivimos en un intento de equilibrio esforzado y constante que nos obliga a adoptar posturas en ocasiones ridículas, tensas, imposibles, en la búsqueda de una rutina preciosa para seguir en la cuerda con los otros, que son más fuertes y no nos comprenden bien. La mayor parte del tiempo sentimos un cuchillito pequeño, de un doble filo cruel, tajando el corazón o el estómago, e inventamos toda clase de historias imaginativas (la creatividad no suele fallarnos) para ser capaces de tratar con el otro, incluso con quienes son nuestros iguales.
Cuando alguno de estos pobrecitos que somos cae, los demás chasqueamos la lengua y meneamos lentamente la cabeza en un gesto de conmiseración, con la compasiva esperanza de que lo veremos levantarse y volver a la cuerda, donde de nuevo luchará por su precario equilibrio.
Los rotos somos terribles al relacionarnos. En silencio, en secreto, no aceptamos a los enteros, odiamos su manifiesta e injusta "normalidad", sus capacidades para la no desintegración, la no deconstrucción, los vínculos importantes y duraderos, sus identificaciones necesarias para seguir existiendo. Pero tampoco nos resulta sencillo conversar entre nosotros, vernos; tras un inicio deslumbrante, y dependiendo de nuestro carácter, es lo natural que nos ataquemos o nos ignoremos con una indiferencia y frialdad que no hace sino ocultar, proteger, guardar, la herida siempre abierta, las filtraciones irreparables, la caverna donde vive el oscuro vacío, el agujero negro que nunca llenaremos, la desesperación de sabernos en un mundo, en un medio, en un discurso que
no es para nosotros,
no es para nosotros,
no es para nosotros.





Jo dijo
Ya echaba de menos tus textos; éste te ha salido redondo. No le sobra ni una coma. Verdaderamente perfecto, con un final digno de los mejores artistas de la palabra.
Jo
P.D. Sé que esto no tiene que ver, pero ¿qué opinas del lenguaje no sexista que algunos pretenden fomentar a toda costa?
29 Junio 2009 | 06:48 PM