Murakami y la biblioteca Jaume Fuster
El pasado día 17 de este mes la biblioteca Jaume Fuster, en la plaza Lesseps de Barcelona, había organizado un encuentro con el escritor Haruki Murakami. Se entraría por orden de llegada y la charla, que conduciría Isabel Coixet y presentaría Antonio Lozano, debía empezar a las 7 de la tarde.
Cuando llegué, a las 5.30, la cola ocupaba ya media plaza, y a ojo de buen cubero podía calcularse que debían de haber acudido más de doscientas personas. Entré en el recinto para informarme, las señoras del mostrador me dijeron que en la sala auditorio cabían unas doscientas personas, pero habían habilitado otra sala donde podría seguirse la entrevista en una pantalla con espacio para 50 personas.
A las 18 h. 30 aproximadamente la cola se había doblado y era muy llamativa. Personal de la biblioteca empezó a repartir billetes con numeritos, a partir de cierto número sólo se tenía derecho a ocupar la sala pequeña. Quien no tuviera no podría entrar. Más de la mitad del público se quedó fuera, pero no fue informado hasta el final. Pensé que a los organizadores les hacía ilusión poder presumir de afluencia masiva; la falta de información, de respeto y de organización no les parecía digno de consideración, pero que las cámaras de TV3 captaran su poder de convocatoria les daba una publicidad de la que se enorgullecían.
Nos dejaron entrar a las 18 h.30, de modo que el acontecimiento empezó media hora tarde. Pero eso no es importante, aquí sucede todos los días. Es una de nuestras señas de identidad. Murakami sabe sin duda que esto es España: tapas, cachondeo, sol e informalidad.
Yo pude acceder por los pelos a la sala pequeña, pero la maravillosa biblioteca no tenía sillas suficientes y algunos tuvimos que sentarnos en el suelo. Cuando me quejé dijeron que no podían preveer que viniera tanta gente. Pero, si la estancia estaba preparada para recibir a 50 personas, ¿por qué no había 50 sillas? Fácil, porque lo aceptamos y no denunciamos nunca. Lo que sí habían previsto era personal de seguridad y mossos en la entrada. ¿Les habría gustado una revuelta agresiva de lectores para salir en la primera plana de los periódicos?
Para rematar apenas se oía nada, la puerta de la sala debía permanecer abierta para que pasaran los cables; al cabo de un rato vinieron a ajustar el sonido. Pudimos al fin concentrarnos en las palabras de Murakami. Pensé que por mucho que aprecie el cine de Coixet, no me parecía la persona adecuada para sacarle jugo a ese escritor, las preguntas eran poco interesantes, superficiales, en fin...
Cuando llegó el momento de la ronda de preguntas quedó claro que en la sala de los escogidos para ver el evento en directo tampoco las cosas iban demasiado bien: no habían previsto que necesitarían un micrófono para que la voz del público llegara al autor. Murakami no oía, Isabel Coixet no oía, nosotros tampoco.
No sé si algún periódico habrá mencionado los hechos. Probablemente no: aquí, como en el resto de España, nos gusta mirarnos el ombligo y darnos golpecitos en el hombro. No aceptamos la crítica y apenas existe en nuestro país. Por eso tenemos estos políticos, estas instituciones, esta sociedad, esta pobreza de pensamiento.
Bueno.





Jo dijo
Allí hubo de todo, menos una conferencia como Dios manda. Menos mal que te ha salido una crónica del evento estupenda, Li.
22 Marzo 2009 | 02:36 PM