El hostal Ampuries
Fantaseo con este hostal desde mi adolescencia, cuando iba a ensoñarme a las playas de dunas que lo circundan; el Ampuries tiene un aire de decadente abandono que transporta a otros tiempos. He oído decir que lo levantaron para dar alojamiento a los arqueólogos que trabajaban en rescatar del olvido los restos de un enclave griego del siglo VI a.C., allá por 1908.
La primavera pasada dormí dos días allí y cumplí mis antiguos deseos. Las habitaciones son sobrias y se diría que hasta espartanas, no hay ningún elemento lujoso en ellas; la amplia terraza que el hostal ofrece al subir las escaleritas que se ven en la foto recompensa de los sinsabores de la vida. Dentro hay una luminosa recepción con un gran jarrón cristalino a rebosar de mandarinas para los visitantes, y a la izquierda un amplio salón donde dominan los blancos, con mórbidos sofás inmaculados. Espejos, iris y lirios. Suelos de cerámica antigua en blanco y negro.
Y las vistas más plácidas y románticas de la zona. Una brisa fresca y una luz griega, la playa con apenas dos o tres grupos de parejas con niños. Gritos lejanos de gaviotas. Escoger un sitio en la arena, nadie en varios metros, y la sorpresa de un mar transparente como si fuera nuevo, puro, intocado.
¿Veis mis pies en el agua?
Si me pierdo, buscadme en el hostal Ampuries.




Jo dijo
Por cierto, ¿por dónde cael el hostal Ampuries?
11 Marzo 2009 | 06:53 PM