Mi hermano y yo
Vivimos juntos en esa casa rusa que hay al final de la carretera, junto al puente, mi hermano y yo.
Por la noche, cada uno en su habitación, acostados en las antiguas camas de la familia, enormes lechos de incómodos colchones de lana, con cabeceras de madera oscura enmarcadas por absurdas columnas salomónicas, oímos el sonido del río. El fragor, nuestra canción de cuna particular que nos induce al sueño. El agua fluyendo impetuosa, saltando piedras, el río verde de la vida que ha acompañado la infancia de ambos sin interrupción.
Nunca salimos de aquí. No podemos, nos perderíamos, mi hermano y yo.
Le veo por la mañana en el desayuno, sentado a la mesa del comedor ante su taza de café sin leche y sin azúcar. Hablamos muy poco durante el día, yo me siento al otro extremo, le miro leer con esa absoluta concentración que tiene desde que era un niño.
Mi hermano. Contemplo su silueta extraña, delgado como una ninfa, un junco de casi dos metros de estatura, se levanta de la silla, nunca hace ruido, sus movimientos son de una sorprendente elegancia, hipnótica, se acerca a la puerta de la casa y entonces, como acostumbra, se detiene, apoya una mano y se da la vuelta. Me mira, sus ojos oscuros me miran, se llenan de lágrimas y su hermosa voz profunda susurra: "No puedo". Vuelve a sentarse, esta vez a mi lado, en silencio.
Mi hermano tiene la piel tan blanca que cuando bebe vino puedo ver el recorrido del líquido burdeos a través de su garganta. Las venas celestes de sus muñecas, su piel sensible...
Mi hermano no puede salir de casa desde 1995. Antes sí, antes sí podía. Estudió Física en la universidad de H., matrícula de honor en su tesis de doctorado. Publicó artículos en la conocida revista Átomo, escribió libros maravillosos que los no iniciados entendían. Le entrevistaron dos veces en la televisión, en esos programas interesantes que emiten a las dos de la madrugada para noctámbulos aficionados a la ciencia. Su dulce sonrisa en la pantalla, su mirada sin parpadeos, con la luz de mercurio brillando de pasión... Cartas en su correo de mujeres entregadas, ofertas de empleo, viajes y otros países.
Hasta que aquello ocurrió.
Mató a un hombre.
Y aquí estamos, encerrados, mi hermano y yo.





wilbpack dijo
http://bajoelalfeizar.blogspot.com/
Lo que hay que ver. A estas alturas de mi vida..
27 Diciembre 2008 | 06:12 PM