Pasado perfecto
Yo desapareciendo.
Ojos de agua, de piedra, de estalagtita no me ven, no me diferencian del fondo. Su piel se ha vuelto translúcida, y puedo distinguir cada vena azul celeste. Los cabellos se están cayendo, muy lentamente. Su cuerpo es ahora como una planta extraña; era como un junco, una vara, una caña junto al rÃo, tan elástico al bailar en el agua, los pies bonitos moviéndose con la corriente, un contoneo armónico.
Yo desapareciendo.
Su voz no suena, y casi nunca aquella carcajada tan franca, tan clara, de hombre iluminado en la mañana bajo una luz cenital sus párpados entrecerrados, una raya que apenas mira.
Añoro su voz cuando tenÃa vida y al nombrarme yo tenÃa consistencia, tenÃa un espacio donde moverme y ser única. Al decirme "eres" o juzgarme o llamarme, yo era.
Una vez corrimos por la calle, atardecÃa en el bulevard Pasteur y él llevaba la gorra azul marino, nos habÃamos levantado sin decir nada y empezamos a correr cuesta arriba, hacÃa viento como siempre, y nos cogimos de la mano, recuerdo.
Vimos los estorninos de la plaza de Francia abandonar los árboles en un enjambre oscuro y un grito agudo, volando hacia la bahÃa juntos como los cardúmenes en el océano.
Yo también tendré que marcharme. Cuando se haya ido, yo también tendré que marcharme.
Pero adónde.





Jo dijo
¿Adónde?, me repito yo como un eco.
26 Diciembre 2008 | 05:12 PM