Tras la batalla
Recorro los campos espesos, destellos de luces entre las hojas grandes de los árboles, y las sombras que amenazan, y los gritos de algunos pájaros, como saludos de seres invisibles que nos dan la bienvenida, a mí y a mis hombres, de vuelta a casa, tantos años después de partir, el adiós, el abandono, la incertidumbre del regreso, las miradas de las mujeres y de los niños, y de los viejos que se quedaron, sin saber si habría un mañana para ninguno de nosotros.
Yo sé que vuelvo, que soy este hombre, este cuerpo resistente, esta consistencia, esta fuerza cansada, y soy la rabia que he sentido, y el asco, y los deseos, el hambre, yo sé que soy éste y que estoy volviendo a casa. Huelo a mi paso la frescura de la tierra mullida bajo los cascos de mi caballo, mi sudor, su sudor, el hastío, la esperanza, las preguntas, mi vida sigue, sigo existiendo, oigo el relincho de nuestras bestias, el roce de las pieles, los metales chocando, las conversaciones de los otros, pero muchos vamos ya en silencio, soy éste que vuelve...
Despierto al alba. Vivo en un apartamento en el centro. El siglo veinte ha traído el desmoronamiento de todas nuestras ilusiones, la pérdida de la esperanza. No existe ese bosque, y yo no soy ese guerrero, ni siquiera soy fuerte. Y no tengo hijos, ni vínculos, ni nadie a quien regresar después de mi batalla diaria con la ciudad.





Jo dijo
Me encanta la nueva foto. Eres una chica guapa de veras. Si acaso eres la de la foto, que yo no sé nada. Lo cierto es que la vida en Barcelona puede causar los mayores agobios. Hace años que no paso por allí. Mi amigo sí que tenía un hijo, pero vivía en un pueblo, ¿cómo se llamaba? Cubelles. Un pueblo precioso, al lado del mar... ¡Qué bien nos sentó la cerveza que nos tomamos juntos mirando a la playa!
Saludos muy cordiales,
Jo
11 Noviembre 2008 | 08:19 PM