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La Coctelera

lacazadoraderratas

10 Octubre 2008

Las malditas razones

(Para Joan Nebot, en el pasado.)

Las razones por las que comencé con ella. No sé cuáles son las malditas razones. Había ido al concierto de un amigo; un tipo al que en realidad no trago, pero es amigo de mis amigos. Llegué al final, se me habían complicado las cosas en el trabajo. No me sentía cansado; extraño..., sí. Creo que tenía un buen día, y una buena noche también.
Ella ya debía de estar allí, entre toda esa gente, pero yo no la vi. No me fijé, no me fijo en las personas, no me gustan; muchos creerán que es una pose, pero me importan bien poco, las escucho por obligación y me da igual lo que dicen. Nunca me he visto en el brete de hacer un favor a nadie, o puede que no me acuerde. Tengo mala memoria.
Bueno, a lo que iba, las razones.
A la salida del concierto (no estuvo mal) nos fuimos la mayoría a tomar algo. Cerca, a un bar de tapas del Paralelo.
Creo que entonces sí me fijé en ella, iba con una amiga. Eran bastante guapas, nada espectacular pero bastante guapas, me parece que eso ya lo pensé entonces. No sé, no tenía intenciones de fijarme en nadie. Quería charlar un poco, con los amigos.
Al cabo de un rato algunos se marcharon. La gente se está haciendo mayor. Los demás nos fuimos a otro bar. Hacía mucho calor, eso sí lo recuerdo porque llevaba así un mes y era insoportable.
No había aire acondicionado, ella y su amiga estaban allí pero yo ni las miraba. ¿Para qué?, no quería ligar, tampoco parecían chicas de un polvo, y estaba tranquilo.
Al final, no sé cómo, quedamos sólo Luis, yo y ellas. Luis es un buen chico, un poco golfo aunque buena persona, a veces no sé cuándo habla en serio y cuándo se está quedando conmigo, pero es un buen tío.
Todos se fueron y Luis propuso ir al Karma, en la plaza Real. Ellas aceptaron. Fuimos andando, en parejas, y yo empecé a hablar con ella. No sé de qué, no tiene importancia.
En el Karma había mucha gente, pero seguimos hablando, algo sobre Marruecos; a mí ese país me vuelve loco, a ella también, así que no tuve que esforzarme mucho.
Sé que pensé que aquello tenía chispa, que había algo que marchaba entre nosotros, y le pedí el teléfono. Me dio un poco de corte, yo no suelo hacer esas cosas, ella tuvo el buen gusto de no hacerse de rogar. Me dije que la cosa iba bien, aún no tenía claro si iba a llamarla o no, pero tenía su teléfono.
Le dije, para disimular, que la llamaría por asuntos profesionales, era correctora. Fingió entusiasmarse; tiene mundo, es difícil que se turbe, eso sí es verdad.
Dije que me iba porque ya era tarde y a la mañana siguiente tenía una reunión en la oficina. No pienso explicar a qué me dedico y todo eso, no me gusta hablar del trabajo.
Pasaron unos días y Luis me llamó; quería verlas, a las chicas esas, no sé si le gustaba una, las dos o ninguna, pero se puso pesado y le di el número de ella.
Le dije que quedara para el martes (era lunes); le dije que a mí me daba lo mismo.
No me gusta hablar por teléfono, ni llamar a nadie, es algo que detesto, una pérdida de tiempo. A veces veo a mis hermanas colgadas del auricular, media hora, una hora..., no lo entiendo.
Bueno, me he saltado algo, no me fui después de pedirle su número, estuve bailando un rato con ellos. Después sí, comenté que me iba; casi salía cuando oí que tocaban algo de Deep Purple, ése sí que me gusta, más que ninguno, me fascina. De modo que volví a la pista, dejé muy claro que había vuelto por la música, no se fuera a creer que era por ella. Me hubiera molestado que lo pensara. Yo no hago esas cosas. No sé si lo pensó o no.
Ahora vuelvo a lo de antes. Luis me llamó el martes y dijo que la chica le había dado largas, que no podía vernos esa noche, tenía que ser el jueves. Luis estaba un poco mosca, por lo visto le había parecido mal que yo le pasara su número a mi amigo.
Son raras, qué más da quién lo haga, ¿no?, pero Luis dijo que parecíamos críos y que el jueves llamara yo. Así que lo hice.
Abreviaré, quedamos delante de Santa María del Mar, en el Borne, claro, y ellas llegaron media hora tarde.
No sé si estaba nervioso, creo que me alteró un poco que no aparecieran a la hora, me hizo pensar en la posibilidad de que nos dieran plantón. Sería la primera vez. Me incomodó estar preguntándome durante treinta minutos si iban a venir o no.
Vinieron.
Las llevamos a cenar cerca, a un sitio que ninguno conocía. Recuerdo que Luis me dijo que si nos dejaban pagar es que habría rollo. Con ellas. Eso cree Luis, yo no lo sé. A veces hay rollo y a veces no. Independientemente de lo que les pagues. Ellas nos dejaron pagar y dijeron que invitarían a unas copas. Me pareció bien. Lo que es justo es justo. Y no estaba pensando en si habría plan o no. Me daba lo mismo, bastante lo mismo.
Pero seguimos hablando, en el primer bar donde fuimos a tomar algo, y la cosa funcionaba. Vaya, tenía una buena conversación, y yo le hablaba de libros porque Luis, que había charlado con ella más rato que yo (por teléfono), me dio la pista de que a ésta lo que le iba era la literatura.
Me gusta leer, ni mucho ni poco, más que a la mayoría de mis amigos; y si a la chica se la entraba por ahí pues por mí ningún problema.
Fuimos a una discoteca y enseguida Luis y la amiga se fueron a bailar, yo me sentía contento, bien, satisfecho conmigo; soy un tío más o menos feliz, pero esa noche me sentía bastante feliz; y le acaricié la barbilla. No sé por qué, un impulso, su cara me gustaba, sonreía con dulzura, sus ojos oscuros estaban muy abiertos; tenía esos ojos que son como algunas flores de verano, que sólo se abren totalmente por la noche. No estaban mal. Así que le acaricié la barbilla, y ella me besó.
Ése fue un buen comienzo. Sobre todo por la calidad de los besos, ahí vi que nos entendíamos, eran largos, cálidos y seguían un ritmo, los míos con los de ella. Como si jugáramos al mismo juego.
Después bailamos un rato y nos fuimos cada uno a su casa.
La llamé al día siguiente.
Quiero que me entiendan, y no me apetece tener que contar todo el proceso.
Yo me sentía muy bien solo.
Me estaba haciendo cargo del negocio familiar. Tenía las riendas. Fabuloso.
Algunas tardes tocaba la guitarra en mi habitación o en casa de algún amigo. Me encanta la música y la necesito, me defraudo si no ensayo a menudo, me parece que me estoy traicionando...
Tenía mis planes para el verano, también para el invierno, seguramente para toda mi jodida vida.
Hacía unos meses que había roto con mi novia, una relación que había durado ocho años. Aún la quería. Pero sabía que no podría vivir con ella. Sabía que acabaría engañándola, y no una vez.
No voy a contarles esto, lo de mi novia y mi decisión de seguir solo, pagar la hipoteca del piso. Mi decisión de no casarme en esa iglesia que habíamos escogido juntos.
Pero quiero que me comprendan.
Lo único que yo buscaba era vivir mi vida sin complicaciones.
Ver realizados mis planes.
Salir con los amigos.
Un polvo de vez en cuando sin rollo sentimental.
Y un día, cuando me hubiera cansado de vagabundear, escoger una chica fácil, manejable, que no me hiciera demasiadas preguntas ni me pidiera explicaciones. Que se estuviera callada y me dejara llevar las riendas de la historia. La batuta.
Sé que suena mal, pero en el fondo es lo que queremos todos. No sé por qué tendría que disimular. Estaría mintiendo y ustedes no entenderían nada.
Ella me complicaba la vida, la cambiaba. Cuando lo vi claro había pasado un mes. Había vivido un mes feliz con sus besos, los cuentos que sabía relatarme, las cosas que imaginaba, la realidad que inventaba cada día porque si no decía que la vida se le hacía muy larga.
Me leyó un poema que me emocionó.
La dejaba sola los fines de semana para ir con mis amigos.
No parecía importarle, aunque ésa es la trampa de todas las mujeres, parece que te dan libertad y la verdad es que sólo han alargado unos metros la correa. Realmente no parecía importarle. No sé si eso me molestaba o no.
Creo que ella me gustaba. Decía cosas de mí que ya nadie me ha dicho nunca, que nadie volverá a decirme nunca. Me veía bajo otra luz; yo me sentía un farsante.
Éstas son las razones, las malditas razones. No sé por qué empecé esto, no sé por qué una tarde escribí una carta apresurada diciéndole adiós.
Supongo que era lo que tenía que hacer.
Como cuando me toca despedir a un trabajador sin un buen motivo, sin que lo merezca.
No lo entendió.
Estuvimos toda la tarde hablándolo.
Le había escrito que ella me veía como a un personaje ficticio y ése no era yo. Pensé que le gustaría, era una chica que escribía bastante bien y le gustaba coquetear entre la barrera que hay entre realidad y ficción.
Pensé que le gustaría, pero no le gustó.
Sus ojos de estatua me miraban velados por la tristeza. No lloró en ningún momento. A ratos hasta sonreía.
En el último instante casi me arrepiento, le dije que la llevaría a desayunar una madrugada; eso era algo que solía pedirme cuando acabábamos muy tarde, hacia las seis.
No demostró que la ilusionase especialmente.
No sé qué contestó, no me acuerdo. Ya he dicho que tengo mala memoria.
Sé que me rajé al final y me despedí con un “hasta luego”. Ella dijo “adiós”.
Lo hizo a propósito.
Se fue a casa y yo subí al coche.
No me sentí solo. Tal vez un poco miserable. Pero era lo que tenía que hacer. A fin de cuentas, cada vez que lo pienso me da la sensación de un trabajo sucio. Todo. Desde el comienzo.
Sí, fue bonito mientras duró, pero no tenía que haber comenzado.
La verdad es que no sé las malditas razones de todo aquello.
Me gustaban sus besos. Me gustaba cómo contaba las cosas que le pasaban, y las que no le pasaban también. Me gustaba hablar con ella por teléfono, veinte minutos, o media hora.
Ni siquiera llegué a echarle un polvo.
Ahí lo tienen, busquen si quieren las malditas razones.
Yo me voy a tocar la guitarra un rato porque si no luego no me siento satisfecho, con toda mi larga y jodida vida.
(Agosto, 1994.)

Tags: cuentos, relatos

servido por lacazadoraderratas 6 comentarios compártelo

6 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Jo

Jo dijo

Sospecho que la historia ocurre en Barcelona. Algunas de las cosas que cuentas pueden servirme para mi relato del amigo invisible. Con tu permiso, claro.

10 Octubre 2008 | 07:47 PM

lacazadoraderratas

lacazadoraderratas dijo

Sí, es Barcelona.
Y claro que tienes mi permiso y, además, encantada.

10 Octubre 2008 | 08:07 PM

Luis,

Luis, dijo

ellas y yo.
Y se manda un sms nada más llegar a casa tras esos besos, con arrebato, sin llegar a casa mejor, al doblar la esquina.
Y...sí, nunca debió comenzar ese nada que ni siquiera dejó huella.
¿La guitarra? Ni siquiera sustituto del cuerpo de nadie.
La verdad es que el tal "yo" tiene un inmerecido post, ya se sabía cuando "ellas" quedaban en tercea posición y última.

14 Octubre 2008 | 12:45 PM

lacazadoraderratas

lacazadoraderratas dijo

Muy observador.
Como siempre.
Y, como siempre, con seudónimo.

14 Octubre 2008 | 03:08 PM

jajaja

jajaja dijo

Menos mal que la otra, que soy yo, no se va con el "empanao" ese. Ja, Ja, Ja, me he reido un montón

14 Octubre 2008 | 10:16 PM

elhombresentimental

elhombresentimental dijo

Me ha encantado este relato. Me ha parecido excelente cómo hilvanas el desencuentro entre los dos personajes, transmites al lector la melancolía y tristeza de la ruptura.

21 Octubre 2008 | 05:53 PM

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