Aguas estancadas
(A César.)
Le veo ahí, hundiéndose en el cenagal de su vida.
Me acerco a la orilla. No puedo evitar que mis botas se llenen de barro, y temo hundirme yo también.
-Intenta salir -digo suavemente.
-Es imposible. Tengo que esperar tiempos mejores. -Contesta sin apenas mirarme.
-No habrán tiempos mejores. Mira, esas ramas están cerca, si te inclinas un poco podrás cogerte a ellas y con un poco de impulso llegarás a donde estoy.
-No puedo inclinarme. Sé demasiado para inclinarme ante nada.
Suspiro.
-Lo que sepas no tiene nada que ver. Te tiraré esta cuerda. Tienes que cogerla al vuelo o no llegará.
C. me mira ahora, pero es como si no me viera. Yo no existo demasiado porque estoy en terreno seco y y él se halla en el centro del cenagal. Dos mundos opuestos, parecen. Veo su mirada oscura de ojos rasgados; hay un mohín despectivo en sus labios.
-¿De qué sirven las cuerdas? -Pregunta como si no esperara respuesta.
-C., -le digo intentando mantener la calma-, estuve en este pantano hace un año, y tuve que aceptar ayuda para salir.
-Era un pantano distinto. Si no me muevo no me tragará.
El barro espeso, engañoso, le llega ahora a las axilas. Doy un paso atrás.
-Te estás hundiendo. Es el mismo pantano para todos. Sin ayuda no se puede salir.
C. niega con la cabeza. Tal vez quiere que me vaya.
-Cuando llegue la estación seca saldré por mi propio pie. He estudiado, sé lo que me digo.
Siento que estoy perdiendo la paciencia. A lo lejos oigo el rumor del pueblo y yo debería estar allí. Pero me quedo, ensuciando mis botas de barro, respirando las tóxicas miasmas de los páramos. Intento convencerle sin esperanza.
-¿Y qué tienen que ver tus estudios con esto? Hay situaciones en la vida que no es posible superar solo. Tienes que creerme. ¿Ves la cuerda?
C. chasquea la lengua. Pienso que he amado ese cuerpo que el cieno reclama para sí.
-No sirven de nada las cuerdas. Si a ti te sirvieron es porque tu caso es distinto. Mi situación es exógena.
Hace un movimiento brusco. Sus hombros están desapareciendo.
-Iré a por un tablón. He visto alguno al otro lado del camino. La situación será exógena, como tú dices, pero tu reacción inmutable refleja un conflicto interno.
C. se echa a llorar. Es un llanto para sí mismo, pues no quiere que yo siga ahí.
-Ahora voy a intentar dormir un poco. Cuando cambie la realidad, todo será distinto. Las ayudas no existen. Y yo no necesito nada.
Lo último que vi de C. fue su sombrero antiguo flotando ligero sobre las frías, las sucias, las malas aguas de un triste páramo que ya no existe.



Martín dijo
A veces deciropinar algo inteligente de un texto inteligente es complicado. Lo peor del pantano quizás sea que uno no puede dejar una huella.
19 Septiembre 2008 | 03:33 PM