Animales
Tuve un amor gato. Venía cuando quería, buscaba afecto, el calor de mi cuerpo, algo de comida, que le escuchara. Nunca hacía lo que le pedía, nunca respondía a mis preguntas. Entraba por la ventana, se marchaba saltando por los tejados. Su piel era tibia, y su voz como un suave ronroneo. No decía ni que sí ni que no, pero yo no sabía a qué atenerme. Una noche de lluvia fría lo atropelló un coche. Fue el final.
Tuve un amor tigre. Oh, no, no era como el amor gato. El amor tigre era posesivo, celoso, loco. Pensaba en mí todo el día, me llamaba constantemente, se enfadaba porque yo no le prestaba más atención. Más le daba más quería. Me preocupaba su necesidad insaciable. Era un pozo sin fondo. A menudo me acostaba pensando cómo podría satisfacerle, y esa noche no dormía. Una vez intentó devorarme, ah, sí, vi sus ojos brillando. Logré escapar y su orgullo y mi miedo no pudieron resistirlo.
Tuve un amor cerdo. No es lo que pensais, se duchaba cada día y olía muy bien. Sus cabellos eran suaves como los de un niño. Era tan desordenado que aportó un caos maravilloso a mi vida disciplinada de entonces, le estuve muy agradecida. Pero no pensaba en mí en absoluto. Yo no existía para él; me necesitaba para sus cosas, que eran muchas y variadas, pero con el tiempo empezó a aburrirme. En cuanto dejé de prestarle atención exclusiva desapareció. No me importó apenas.
Tuve un amor dragón. Era el más tranquilo. Hacía cualquier cosa para satisfacerme, cumplía todos mis caprichos. Cuando hablaba yo me preguntaba si alguna vez saldría fuego de su boca pero solo salían palabras. Quería ser domesticado, este dragón, no deseaba ser una quimera, como todos los de su especie. No era real.
Tuve un amor escorpión. Me rogó que confiara en él. Su vitalidad, su ímpetu, su energía lograron subyugarme. Inventó un mundo nuevo para los dos. Bebimos, jugamos, reímos juntos. Por suerte el veneno de su aguijón no era mortífero, al menos para mí; no sé qué fue de él.
Nunca he tenido un amor hombre. Pero me gustaría. Podría ser el último.
Si existiera ese animal sobre la Tierra.




Crocus dijo
Tuve un amor centauro. La encontré magullada en una rambla. La abracé, mimé y cuidé durante un invierno. Un viernes de abril --el mes más cruel --salimos a pasear por la playa. Me senté debajo de una encina mientras ella rumiaba por el prado. Me dormí y cuando desperté ya no estaba. Siempre dudé si existió o fue un destello de mi sombra.
17 Septiembre 2008 | 05:04 PM